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A pesar de la distancia…

8 mayo 2007

Cabecera A pesar de la distancia

A pesar de la distancia quiero estar,
quedarme en tu corazón abierto,
que mis palabras germinen en tus curvas tersas
las que tu respiración despierta.

A pesar de la distancia quiero estar
en el presente al que dan sentido tus manos
donde resbalan tus besos,
donde tu llama me enciende,
donde manantial de agua, duermes.

A pesar de la distancia quiero quedarme en tu almohada,
acurrucarme por fin
donde descansa la caricia de tus pestañas.

Shelma

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¡¡¡Te quiero tanto!!!

6 mayo 2007

¡Mi hada encontrada!La costa se adivinaba a lo lejos entre la bruma matinal de la mañana. Un cielo plomizo, inusual en los días estivales que corren, de aspecto cansino, impregnaba la última etapa de un largo viaje que había ocupado diez años de sus vidas. A pesar de ello, ella enfiló la sombra de ese otro hombre, el que antaño dejó atrás cuando decidió aventurarse por otros derroteros sentimentales, pero que había reingresado en su vida, esta vez de forma oficial y correcta.

A muchos kilómetros de allá la brisa soplaba tierra adentro trayéndole noticias suyas. Revivieron su lugar imaginado, ese lugar común al que ambos se referían entre letras, mensajes y deseos ahogados. Sobrevoló los frondosos árboles de su jardín y la imaginó junto a él, por enésima vez, ¿Por qué no volaste a su lado?

Se tumbó en su cama, pensativo, adivinando el sol que saldría mientras el suave viento nocturno lo transportó al merecido descanso, al inevitable final de una etapa largamente anunciada.

Amaneció bonito. Tras levantarse se dirigió a una charca cercana donde desayunó con ganas. Estaba solo y recordó cuando la conoció. Nunca antes observó un ser tan sincero, una mujer tan bella y con esa mirada, que en principio le turbó cuando -tiempo después- la pudo ver.

Iniciaron la construcción de la confianza, continuaron con la amistad y mantuvieron tímidos acercamientos en forma de amor soñado. Se enviaron pequeños detalles y regalos. Propusieron verse más tarde junto al arroyo verde de Sierra Nevada -su cordillera común-, un precioso lugar donde los rayos del sol eran especialmente cálidos y el roce de las flores peinaba el alma con agradables sensaciones que ya casi habían olvidado.

Y en la paz de su rincón virtual se refugiaron, entre la intimidad de las espadañas y los carrizos que brotaban, tiernos, junto al regato de aguas transparentes que cruzaba la cañada. Allí se vieron en repetidas ocasiones y comenzaron a anidar su amor, con llamadas interrumpidas en las diversas madrugadas que compartían.

Un día frío ella le dijo -tímidamente- que quería tenerlo más cerca, que transportaba su imagen y su memoria en su corazón. Le invitó a que fuera cuando quisiera y él comenzó a pensárselo. Entre los dos eligirían los ingredientes que parecieran más duraderos y que dieran la necesaria consistencia a su amor. Incluso se atreverían, aunque no tuvieran ninguna en común, a decorar dicho enclave con algunas de sus fotos y cuadros que guardaban en ambas orillas: la americana y la europea.

Y así comenzaron a cruzar sus vidas, vigilando los espacios virtuales para ir juntos a comer, se perdían en los rincones más intrincados del sentimiento, volaban juntos al atardecer y se bañaban en la noche bajo la luna llena. Sentían al unísono y empezaron a hablar del futuro, de lo bonito que sería construir un nido amplio donde pudiesen conformar el tiempo a su medida, donde crear mundos que nunca antes lograron descubrir por separado. Así transcurrió el tiempo, un feliz tiempo que nunca antes pudieron disfrutar…

Pero los días iban pasando y sus seguridades se fueron menoscabando; sólo en raras ocasiones al principio, seguidos por períodos de estabilidad plena. Silencios aislados que parecían destinados a ser actitudes constantes. Las rutinas y el necesario afecto diario iban llenando sus espacios comunes, aunque siempre intentaban -con menos éxito ya- hacerse un hueco bajo el ala y darse calor, cariño, todavía más amor. Ella cerraba los ojos y se abandonaba a la cálida sensación de su ausencia, a su tranquila palabra y a la protección de su escritura.

TQTantoTras uno de esos períodos de silencio emotivo -o sentimiento negativo-, y pasadas las inoportunas tormentas del inicio del verano, volvió a preguntar por ella al aire, quedándose atónito con la rspuesta: un bellísimo arcoiris. Permaneció quieto, a la sombra de una encina de gran porte, hasta que éste se desvaneció para dejar paso a un cielo azul y en calma. Se dio cuenta en ese momento que había encontrado la respuesta a uno de los tantos misterios inexplicables que tiene la vida: por qué es tan encantador y a la vez tan difícil el amor.

Y pensando en ella comprendió que sólo las tormentas permiten que exista la belleza efímera de un arcoiris, y que ésta es necesaria pero también lo son los momentos posteriores, quizás menos emotivos pero mucho más reales y sólidos. Y sobre todo comprendió que todo en la vida es cíclico, que todas las etapas se repiten e interrelacionan dándose sentido y principiándose las unas a las otras, formando círculos perfectos, uno de ellos el que alberga el amor.

Una llamada confesando un cambio drástico le hizo volver a la Red. Quería dirigirse a ella y decirle que -en el momento apropiado- todo podría empezar a ser. Con los ojos bien abiertos y henchido por el aire puro, exploró en su mente todos los proyectos que habían comenzado y que, ahora, comprendiendo algunas respuestas más –no todas, eso es imposible- podrían proseguir y puede que concluir, aunque lo más importante es proseguir, siempre hacia delante. No importaba la nueva situación siempre que compartiesen una esperanza.

No rompió a llorar de nuevo, pero se emocionó al comprobar que sus labios sostenían una flor para ella. Una de las muchas flores que siempre le ofrecía antes de sostenerla virtualmente entre sus brazos fuertes, esos brazos que la rodeaban y abrigaban cuando se amaban en la distancia.

¡Somos humanos, humanos… y un poco tontos!

😦 Shelma 4 her!