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¡Desnudo el ser humano!

3 marzo 2008
hospital

Oculto tras su silencio, un hombre enjuto, de tez morena -casi negra- sufría en silencio su crónica enfermedad. Casi no hablaba y sólo articulaba palabras básicas en español, la lengua del país que lo había acogido, sin complejos ni excepciones. Procedente de un pequeño pueblo cercano a Oujda, la mala suerte o la razón que fuere, le hizo enfermar hace años y requerir amplios períodos de hospitalización y cuidados continuos por parte de los suyos. Al parecer por haber regado las hortalizas con agua en mal estado, o por haber recibido un lametón de su perro favorito -enfermo- o por haber homenajeado a un invitado con un cabrito de su rebaño. Su hígado en mal estado lo seguiría estando en el futuro.

Pero la naturaleza de la enfermedad de este marroquí silencioso no es lo relevante de esta historia que traigo aquí. Lo más llamativo es que un desconocido hombre moreno del sur, un -probablemente- humilde trabajador que llegó a España hace tres años, sea tratado en igualdad de condiciones que otro enfermo de origen cercano y vecino del barrio de toda la vida.

¡Podemos estar orgullosos de nuestro sistema de salud! ¿Tardan en atender un poco más de lo debido? Es probable, pero una minucia al comprobar la calidad humana que rodea a los profesionales de la medicina en nuestro país. Si se pasa un tiempo en el hospital se hace patente la maravillosa actitud, profesionalidad y cercanía de cada chica que -a golpe de sonrisa y comentario cordial- atienden con cariño al paciente.

¿Qué a veces el médico repite varias pruebas y parece que no acierta? Es posible, pero teniendo en cuenta la malsana manía hispana de pretender saber más que el profesional de turno, no es nada preocupante; más si cabe cuando con las prisas habituales y la mediocridad generalizada, asegurar el estado de salud y efectuar un correcto diagnóstico, bien con una bien con cien pruebas, es una alegría dados los tiempos que corren.

¿Qué es un hospital, al menos el de Granada? No es difícil contestar esta pregunta: son buenas caras, facilidades, tolerancia, sonrisas, explicaciones, profesionalidad, dedicación, cuidados, tecnología, servicios, higiene y preocupación por el estado de cada uno de los enfermos que allí se albergan. Pero no es sólo eso, también se palpa ‘la mala educación’ y no me refiero con ello a la cinta de Almodóvar; sino que apunto a muchos de los visitantes y familiares que pululan por las diferentes plantas, individuos que no cumplen con los mínimos de respeto y civilización que exige un país europeo moderno. Ahora entiendo el que se rifen a los profesionales españoles de la medicina en medio mundo y al mismo tiempo que no se quiera entrar en la ‘rifa’ que puede suponer hacer negocios con los hispanos peninsulares.

Pero sin duda alguna, lo mejor de nuestro sistema hospitalario es que -sin complejos, estridencias, desavenencias o derechos mancillados- desnuda al ser humano, iguala sin excepción al humilde con el prepotente, al débil con el poderoso, al rico con el pobre… Algo ¡tan difícil de reproducir hoy día! en el exterior de este complejo, que -mientras miro a mi padre dormir plácidamente-, casi me dan ganas de mudarme por un tiempo a esta quinta planta, donde me ofrecen meriendas hipocalóricas y disfruto, gracias a la conexión Wi-Fi gratuita ¡qué conste!, de tranquilidad para traer puntualmente esta crónica a vuestras pantallas.

Shelma 🙂
[happier than yesterday]

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